Que comience la historia científica de Colombia

Yo solía pensar que para poder ser un científico, se necesitaba también ser un rebelde. Solía creer que para cualquier joven con el sueño de hacer ciencia, era necesario tener coraje y sobre todo, tener la fortaleza de ir en contra de las miles de voces que perjudicialmente aconsejan tomar caminos diferentes. Solía pensar que para ser un científico había que marchar en contravía, con el pedal a fondo, con la firmeza de que son todos los demás los que andaban en la dirección equivocada. Pero ahora entiendo que esto sólo es cierto en lugares como Colombia.

Hace un par de años estaba almorzando con varios estudiantes de doctorado en el Centro de Física Teórica del ETH en Zürich, Suiza. Inocentemente comenté que siempre me había parecido curioso que ninguno de los jóvenes científicos que conocía tenía padres científicos. Al terminar mi frase, dos de los estudiantes inmediatamente comentaron: “¡Entonces yo soy el primero, mi papá es físico!”, “¡El mío también!” En una mesa de cinco personas, el 40% tenía un padre científico. Increíble. Después de un par de minutos de reflexión entendí que sólo conocía la profesión de los padres de mis amigos en Colombia: médicos, ingenieros, arquitectos, pero nunca científicos.

Por el contrario, ahora que presto más atención, me doy cuenta que el caso de Colombia es la excepción, no la regla. La mayoría de científicos de mi edad vienen de familias de científicos. Por ejemplo, el padre de mi compañero de oficina es un profesor de biología en la Universidad de Alberta, el padre de un amigo en una oficina contigua es el director del Centro de Ciencia y Tecnología Cuántica en la Universidad de Calgary, y la lista continúa. En el mundo de la investigación, el caso de Colombia es la excepción, no la regla.

Durante mis años de pregrado en física en Bogotá, escuchaba constantemente las siguientes preguntas frecuentes para cualquier aspirante a científico:

– ¿Qué va a hacer después de que se gradúe?

– ¿Física pura o ingeniería física? ¿En serio física pura? (Como si la física puediese ser impura)

– ¿Está loco?

– ¿Y eso para qué sirve?

Ese tipo de preguntas son las voces a las que me refería, la corriente contra la cual la rebeldía debe luchar. Y no piensen que fue sólo mi experiencia. En una entrevista a Juan Manuel Pedraza, profesor de la Universidad de los Andes, él nos cuenta lo siguiente:

Un ingeniero menos.

Juan Manuel Pedraza.

Cuando dije que iba a estudiar física mis padres me dijeron “¡no! se va a morir de hambre, ¿qué va a hacer usted de físico?”… entonces yo dije “bueno, hago ingeniería civil también, como para vivir de algo después”.

¿Otro ejemplo? Ana María Rey, profesora de la Universidad de Boulder en Colorado, quien recientemente fue galardonada con una beca MacArthur, también tuvo que luchar contra los deseos de sus padres.

Ana María Rey.

Ana María Rey.

Fui a la Universidad de Los Andes, puedo decir que sin la aprobación de mis papás, que querían que estudiara ingeniería, así que estuve de buenas porque me gané una beca para estudiar Física y ahí comenzó mi carrera

Yo he sido  afortunado porque mis padres jamás se opusieron a mi decisión académica, pero estoy seguro que para ellos también fue un acto de valentía  darme su apoyo. Han sido ellos tan rebeldes como lo he sido yo, por ejemplo, al defenderme luego de escuchar a uno de mis familiares decir “Qué lástima que Juan Miguel desperdicie su inteligencia estudiando física”. Simplemente no me imagino a ningún Colombiano en la generación de mis padres diciendo “¡Qué alegría, por fin vamos a tener un cientíco en la familia!”

Mi objetivo, sin embargo, no es sólo reclamar esta penosa situación, sino tratar de explicarla. Mi hipótesis es la siguiente: La adversidad hacia la ciencia en Colombia se debe, al menos en parte, a que la historia científica de Colombia no existe. 

¿Por qué tanta incertidumbre, tantas preguntas con respecto a la carrera de un científico? ¡Porque casi nadie conoce el caso de un científico Colombiano exitoso! No hay precedentes, no hay entendimiento, no hay familiaridad. Por ejemplo, ¿cómo explicar la frecuencia de las preguntas anteriores? De la siguiente forma:

– ¿Qué va a hacer después de que se gradúe? Explicación: No tengo idea qué hace un científico porque no conozco niguno y nunca he oído hablar de ellos. Yo sé qué hace un abogado, un ingeniero, un médico – pero un físico, ni idea.

¿Física pura o ingeniería física? ¿En serio física pura? Explicación: Yo sólo he escuchado de ‘física pura’ como un concepto, pero no como una carrera. O bueno, una carrera para quienes quieren enseñar física en un colegio. ¿Usted quiere ser profesor?

¿Está loco? Explicación: Solamente un loco podría estudiar algo de lo que jamás he oído hablar. ¿Mecánica cuántica, eso no es una teoría de Deepak Chopra?

¿Y eso para qué sirve? Explicación: Bueno, usted es una persona inteligente, así que le doy el beneficio de la duda. Alguna razón debe tener para querer ser un científico, porque a mi de verdad no se me ocurre para qué puede ser útil. ¿Se puede montar un negocio de eso?

Qué diferente sería si exisitiesen ejemplos históricos, grandes figuras de la ciencia Colombiana, importantes hallazgos y logros que pudiesen poner en perspectiva los deseos de cada joven que soñase con ser parte de la rica historia científica de Colombia. Pero tal cosa no existe. Un inglés puede soñar con ser el próximo Newton, un estadounidense con ser el próximo Feynman, un serbio con ser el próximo Tesla, un joven en la India con ser aún mejor que Bose, un profesor y un estudiante en China con seguir los pasos de Yang y Lee, una niña en Polonia con ser la siguiente Marie Curie, un argentino con superar a Maldacena, y un padre e hijo en Australia pueden soñar con ser como la familia Bragg. Un estudiante en Colombia, por su parte, sólo puede aspirar a seguir los pasos de … ¿quién? No hay nadie en realidad.

¿El próximo Garavito? Deja mucho que desear.

¿El próximo Garavito? Deja mucho que desear.

La historia científica Colombiana debe comenzar algún día, y mientras más temprano mejor.

 ¿Pero por qué insito tanto en la ciencia, qué tiene de especial en comparación a las muchas áreas de la actividad humana en las que Colombia tampoco tiene historia? Porque la ciencia nos brinda las herramientas para comprender y manipular el mundo natural, y este conocimiento es la cuna del desarrollo tecnológico y económico de cualquier país. Es una fórmula simple: la investigación científica produce resultados que se transforman en nuevas tecnologías, y estas tecnologías generan crecimiento económico. Y todo esto con el beneficio adicional de proporcionarnos una mayor comprensión del universo y nuestro lugar en él. Maravilloso.

Invertir en investigación es una de las decisiones más inteligentes que puede hacer un gobierno. ¿No me creen? Miren la siguiente gráfica (en inglés):

Los países que más invierten en investigación y desarrollo, como porcentaje del PIB.

Ranking de los países que más invierten en investigación y desarrollo, como porcentaje del PIB.

Colombia: 0.16%

Ahora comparen con la posición de cada uno de los países en términos de PIB per capita:

  • Israel: $34,770 (puesto 25 en el mundo).
  • Finlandia: $35,617 (puesto 24 en el mundo).
  • Suecia:  $41,188 (puesto 13 en el mundo).
  • Corea del Sur: $33,189 (puesto 27 en el mundo).
  • Japón:  $36,899 (puesto 22 en el mundo).
  • Dinamarca:  $37,900 (puesto 19 en el mundo).
  • Suiza:  $46,430 (puesto 7 en el mundo).
  • Taiwan:  $39,767 (puesto 16 en el mundo).
  • Estados Unidos:  $53,101 (puesto 6 en el mundo).
  • Alemania:  $40,007 (puesto 15 en el mundo).
  • Colombia: $11,189 (puesto 85 en el mundo).

La inversión en investigación produce riqueza económica y bienestar social. Es así de simple. De hecho, el factor de conversión entre inversión y ganancia puede ser extremadamente alto.

 

 En mi propia área de investigación, información cuántica, el gobierno canadiense ha invertido cientos de millones de dólares en el lugar en el que yo trabajo, con el objetivo de establecer el centro líder en investigación en norteamérica. Recientemente, el gobierno de Gran Bretaña anunció una inversión de 270 millones de libras, y otros países como Singapur y China por varios años han hecho inversiones similares. Si las tecnologías que pueden surgir de estos esfuerzos – computadores cuánticos, sensores cuánticos y criptografía cuántica – llegan a tener un fuerte impacto económico, son estos países quienes se van a beneficiar enormemente. Colombia, por ejemplo, no lo hará.

Hace pocos días, al finalizar el mundial de fútbol, millones de personas con camisetas amarillas gritaban que Colombia había hecho historia con su paso a los cuartos de final. Pero ahora que la fiesta se acabó, es fácil darse cuenta del poco poder que tiene un deporte para cambiarle el rumbo a un país. Colombia es un lugar del planeta con una rica historia política, deportiva, cultural y artística. Pero no hay historia científica.

Mi amigo Juan Diego Soler dice que “Un PhD en Colombia es como un perro que sabe manejar Transmilenio… nadie sabe como lo logró y nadie sabe que hacer con él.” Esto tiene que cambiar. Es el momento de exigir al gobierno que invierta en la ciencia Colombiana. Es el momento de apoyar a todos los jóvenes que aspiran con ser investigadores. Es el momento de leer y aprender acerca de los grandes logros científicos de la humanidad. Es el momento de dejar el pasado atrás, aprender de incontables errores y transformar el país hacia su verdadero potencial. Es el momento de comenzar a hacer historia, la historia que importa de verdad.

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La foto que acompaña este blog es cortesía de la hermosa y maravillosa Aleksandra Ignjatovic.

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